viernes, 29 de marzo de 2013

Del Plan Cóndor a Chávez

*por Edgardo Binstock
Secretario de Derechos Humanos
Movimiento Evita Capital


Este fue un marzo diferente. El martes 5 después de años de espera, se inició en nuestro país el juicio contra los responsables del Plan Cóndor. Compartimos la emoción en los Tribunales con mi hijo Miguel, Macarena Gelman, la esposa y el hijo de Norberto Habergger, nuestra abogada Carolina Varsky, del Cels, y tantos familiares de uruguayos y chilenos secuestrados en la Argentina y trasladados a sus países. 

El “Cóndor”, la coordinación represiva de las dictaduras de la Argentina, Chile, Brasil, Uruguay, Paraguay, Bolivia y luego Perú, con la injerencia y capacitación de la CIA se articuló, en coordinación con los EEUU desde fines de 1975, cuando se produjo en Santiago de Chile la primera reunión operativa.

Treinta y siete años después los argentinos juzgamos a Videla y sus secuaces esperando que el ejemplo de Memoria Verdad y Justicia influya para evitar el retroceso en la justicia uruguaya, que declaró la prescripción de los crímenes del Terrorismo de Estado, y apuntale a la Comisión por la Verdad en la hermana República Federativa de Brasil.

Soy querellante en esta causa por mi hermano Guillermo, que fue secuestrado a los 20 años mientras dormía en la casa de mis padres, el 20 de agosto de 1976 y trasladado al CCD Automotores Orletti. También lo soy por Mónica Pinus, mi entonces esposa, madre de mis hijos Ana y Miguel, que fue secuestrada por fuerzas conjuntas argentino-brasileras en el Aeropuerto de Rio de Janeiro junto a su compañero de viaje Horacio Campiglia, Ellos fueron trasladados con un avión del Ejército Argentino a Campo de Mayo el 12 de marzo de 1980, dato que conocimos cuando el Departamento de Estado de los EEUU desclasificó 4677 documentos. Uno de ellos, firmado por un oficial de la Embajada en Buenos Aires, James Blystone, informaba de la operación conjunta de la que había sido notificado por un oficial del Ejército Argentino.

En medio de tanta emoción llegó la noticia de la muerte de Hugo Chávez. Un final doloroso y trágico para los hermanos venezolanos y para todos los pueblos de nuestra América que en la última década nos conmovimos, movilizados, convocados por ese discurso y ese compromiso liberador, emancipador.

A casi cuatro décadas del inicio del plan represivo y genocida. En nuestros países hay democracias con mayoría de gobiernos populares. Cuando por fin hacíamos justicia, el mismo día, un artífice indiscutido de ésta nueva realidad moría, como hace dos años y medio nuestro querido Néstor.

Volvió entonces el recuerdo de aquel diciembre de 2004 en Ouro Pretto, Brasil, cuando durante en una Cumbre del Mercosur, el presidente Lula reconoció la responsabilidad del Estado en el secuestro de Mónica y Horacio. Fue en una ceremonia que se realizó en una sala contigua a la de la sesión de los presidentes. La imagen imborrable es la de Hugo Chavez “bajando línea” a sus colegas contra el proyecto neoliberal y a favor de la integración liberadora. 
“Hugo es mi amigo”, nos dijo Néstor Kirchner en el acto de reparación mientras apretaba mi mano hermanándose en el dolor y la emoción.

Lo que da sentido a tanto sacrifico y a tantas pérdidas es que construyamos la sociedad justa por la que los nuestros dieron sus propias vidas. Nada mejor que Hugo Chávez parafraseando al General San Martín: “Seamos libres... lo demás no importa nada”.

miércoles, 6 de marzo de 2013

HASTA SIEMPRE COMANDANTE CHAVEZ



¡Gloria al bravo Chávez!

Por Atilio A. Boron


Cuesta muchísimo asimilar la dolorosa noticia del fallecimiento de Hugo Chávez Frías. No puede uno dejar de maldecir el infortunio que priva a Nuestra América de uno de los pocos “imprescindibles”, al decir de Bertolt Brecht, en la inconclusa lucha por nuestra segunda y definitiva independencia. La historia dará su veredicto sobre la tarea cumplida por Chávez, aunque no dudamos de que será muy positivo. Más allá de cualquier discusión que legítimamente puede darse al interior del campo antiimperialista –no siempre lo suficientemente sabio como para distinguir con claridad amigos y enemigos– hay que partir reconociendo que el líder bolivariano dio vuelta una página en la historia venezolana y, ¿por qué no?, latinoamericana.
Desde hoy se hablará de una Venezuela y una Latinoamérica anteriores y de otras posteriores a Chávez, y no sería temerario conjeturar que los cambios que impulsó y protagonizó como muy pocos en nuestra historia llevan el sello de la irreversibilidad. Los resultados de las recientes elecciones venezolanas –reflejos de la maduración de la conciencia política de un pueblo– otorgan sustento a este pronóstico. Se puede desandar el camino de las nacionalizaciones y privatizar las empresas públicas, pero es infinitamente más difícil lograr que un pueblo que adquirió conciencia de su libertad retroceda hasta instalarse nuevamente en la sumisión. En su dimensión continental, Chávez fue el protagonista principal de la derrota del más ambicioso proyecto del imperio para América latina: el ALCA. Esto bastaría para instalarlo en la galería de los grandes patriotas de Nuestra América. Pero hizo mucho más.
Este líder popular, representante genuino de su pueblo, con el que se comunicaba como nunca ningún gobernante antes lo había hecho, sentía ya de joven un visceral repudio por la oligarquía y el imperialismo. Ese sentimiento fue luego evolucionando hasta plasmarse en un proyecto racional: el socialismo bolivariano, o del siglo veintiuno. Fue Chávez quien, en medio de la noche neoliberal, reinstaló en el debate público latinoamericano –y en gran medida internacional– la actualidad del socialismo. Más que eso, la necesidad del socialismo como única alternativa real, no ilusoria, ante la inexorable descomposición del capitalismo, denunciando las falacias de las políticas que procuran solucionar su crisis integral y sistémica preservando los parámetros fundamentales de un orden económico-social históricamente desahuciado. Como recordábamos más arriba, fue también Chávez el mariscal de campo que permitió propinarle al imperialismo la histórica derrota del ALCA en Mar del Plata, en noviembre de 2005. Si Fidel fue el estratega general de esta larga batalla, la concreción de esta victoria habría sido imposible sin el protagonismo del líder bolivariano, cuya elocuencia persuasiva precipitó la adhesión del anfitrión de la Cumbre de Presidentes de las Américas, Néstor Kirchner; de Luiz Inácio Lula da Silva, y de la mayoría de los jefes de Estado allí presentes, al principio poco propensos –cuando no abiertamente opuestos– a desairar al emperador en sus propias barbas. ¿Quién si no Chávez podría haber volcado aquella situación? El certero instinto de los imperialistas explica la implacable campaña que Washington lanzara en su contra desde los inicios de su gestión. Cruzada que, ratificando una deplorable constante histórica, contó con la colaboración del infantilismo ultraizquierdista que desde dentro y fuera de Venezuela se colocó objetivamente al servicio del imperio y la reacción.
Por eso su muerte deja un hueco difícil, si no imposible, de llenar. A su excepcional estatura como líder de masas se le unía la clarividencia de quien, como muy pocos, supo descifrar y actuar inteligentemente en el complejo entramado geopolítico del imperio, que pretende perpetuar la subordinación de América latina. Supeditación que sólo podía combatirse afianzando –en línea con las ideas de Bolívar, San Martín, Artigas, Alfaro, Morazán, Martí y, más recientemente, el Che y Fidel– la unión de los pueblos de América latina y el Caribe. Fuerza de-satada de la naturaleza, Chávez “reformateó” la agenda de los gobiernos, partidos y movimientos sociales de la región con un interminable torrente de iniciativas y propuestas integracionistas: desde el ALBA hasta Telesur, desde Petrocaribe hasta el Banco del Sur, desde la Unasur y el Consejo Sudamericano de Defensa hasta la Celac. Iniciativas todas que comparten un indeleble código genético: su ferviente e inclaudicable antiimperialismo. Chávez ya no estará entre nosotros, irradiando esa desbordante cordialidad; ese filoso y fulminante sentido del humor que desarmaba los acartonamientos del protocolo; esa generosidad y altruismo que lo hacían tan querible. Martiano hasta la médula, sabía que tal como lo dijera el Apóstol cubano, para ser libres había que ser cultos. Por eso su curiosidad intelectual no tenía límites. En una época en la que casi ningún jefe de Estado lee nada –¿qué leían sus detractores Bush, Aznar, Berlusconi, Menem, Fox, Fujimori?– Chávez era el lector que todo autor querría para sus libros. Leía a todas horas, a pesar de las pesadas obligaciones que le imponían sus responsabilidades de gobierno. Y leía con pasión, pertrechado con sus lápices, bolígrafos y resaltadores de diversos colores con los que marcaba y anotaba los pasajes más interesantes, las citas más llamativas, los argumentos más profundos del libro que estaba leyendo. Este hombre extraordinario, que me honró con su entrañable amistad, ha partido para siempre. Pero nos dejó un legado inmenso, imborrable, y los pueblos de Nuestra América inspirados por su ejemplo seguirán transitando por la senda que conduce hacia nuestra segunda y definitiva independencia. Ocurrirá con él lo que con el Che: su muerte, lejos de borrarlo de la escena política, agigantará su presencia y su gravitación en las luchas de nuestros pueblos. Por una de esas paradojas que la historia reserva sólo para los grandes, su muerte lo convierte en un personaje inmortal. Parafraseando al himno nacional venezolano: ¡Gloria al bravo Chávez! ¡Hasta la victoria, siempre, Comandante!
Publicado originalmente en http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-215201-2013-03-06.html

domingo, 3 de marzo de 2013

VAMOS AL MERCADO CENTRAL (gratis)


Como todo los meses, te llevamos gratis al Mercado Central de Buenos Aires para que realices todas tus compras cuidando tu bolsillo y de esa manera, haciendo rendir más los ingresos familiares sin resignar calidad en tus alimentos.
Con estos viajes, lo que hacemos es intervenir en la compra de alimentos y otros productos, antes que ingresen en la cadena de comercialización minorista para evitar a las grandes cadenas de formadores de precios y no ser rehenes de su desmedido afán de lucro.
Los viajes se realizan todos los meses gracias a un acuerdo entre la Secretaría de Comercio Interior de la Nación, la Unión de Usuarios y Consumidores y el Centro para la Participación Democrática "Jorge Villalba".
Te esperamos este sábado a la 8 hs. en Teodoro García 2828.
Venite, convocá.

sábado, 2 de marzo de 2013

DÉCADA GANADA


Este no es un año cualquiera, coincide con dos aniversarios muy fuertes. Este año se van a cumplir 30 años de la recuperación democrática de la República Argentina; 30 años en que hemos recuperado a la soberanía popular como única fuente legítima del poder público en la República Argentina.

El 25 Mayo de este año vamos a cumplir 10 años desde el momento en que un hombre se sentó en este mismo lugar, con una capacidad y una convicción en el futuro basado precisamente en su memoria que no reconocía límites. Y daba comienzo también entonces ese 25 de Mayo un proyecto político abarcativo a toda la Nación donde ya íbamos a la lucha por la igualdad, íbamos a la lucha por un mayor desarrollo económico, social y cultural, por las terribles frustraciones que habíamos vivido los argentinos aún en períodos democráticos. Yo quiero saludar a todas las fuerzas políticas de origen democrático de nuestro país por estos 30 años y por estos 10 años en que los argentinos hemos recuperado tantos derechos y tantas conquistas sociales.

Desarrollo y crecimiento son las dos palabras que creo más sintetizan estos últimos 10 años. Desarrollo laboral y de seguridad social que ha sido posible por el período de crecimiento económico más sostenido, más importante y más prolongado de nuestros 200 años de historia. Yo la denomino “la década ganada por todos los argentinos”. Cuando hablo de década ganada lo hago no en términos electorales o partidarios sino de recuperación social, económica, cultural, democrática, de igualdad de los 40 millones de argentinos. 


Por eso me atrevo calificar sin lugar a dudas que esta década iniciada el 25 de Mayo del año 2003 es la década ganada por todos los argentinos.

Cristina Fernández de Kirchner