viernes, 11 de julio de 2008

¿PACTO SOCIAL CON LA SOLA PARTICIPCION DE EMPRESARIOS Y TRABAJADORES?

por Claudio Daniel Boada

Cuando hablamos de Pacto Social, entiendo que se trata de un evento dinámico, el que no se encuentra limitado a la participación de sindicalistas y empresarios, sólo destinado a mantener dentro de determinados parámetros manejables para los empleadores la cuestión salarial. Del mismo deberían participar amplios sectores de la sociedad.
Concibo el pacto social como un entretejido social, como una red en cuyo entramado participan diversos actores que -buscando el bien común- van renunciando en parte a sus pretensiones individuales e intereses de sector. Aún más, podríamos decir que -a veces- no es necesario renunciar a algunas de las pretensiones sectoriales, porque los intereses no son contrapuestos, sino que pueden darle satisfacción a los intereses de diversos sectores realizando determinadas acciones conjuntas.
Este tipo de participación, se enfrenta a algunas pautas culturales muy fuertes, las que podemos sintetizar en parte con las siguientes frases “siempre hay un culpable” (que por supuesto es el otro) y “la solución de todo conflicto es que uno gana y otro pierde” (más allá del aire nuevo que ha traído a nuestras prácticas la tendencia hacia la mediación y todas las formas alternativas de resolución de conflictos).

PARTICIPACION DE CONSUMIDORES Y USUARIOS.

Aisladamente se nos ha llamado -a los usuarios y consumidores- a reflexionar sobre el valor del “poder de compra” y a ejercer dicho poder. Se nos ha llamado a limitar las compras a realizar, a través de un boicot. En nuestro pasado reciente tenemos varios ejemplos que podemos mencionar. Entre ellos el boicot a Shell, al tomate y a la papa.
También hemos recibido llamados esporádicos a no consumir cierta clase de productos. Hace unos años diversas asociaciones de defensa de DDHH nos solicitaron no comprar calzado y productos textiles de marcas que utilizaban trabajo de niños en el sudeste asiático. Por razones medioambientales, también se nos pide no consumir atún y otros pescados envasados en latas, que se capturen sin tomar medidas de protección a favor de los delfines.
Pareciera que los usuarios y consumidores no fuéramos muy conscientes del poder de compra, del poder que poseemos. Contrariamente a ello, las empresas son muy conscientes. Todos los días las mismas nos llaman a usar de nuestro poder de compra a su favor. Día a día tratan de cautivarnos, día a día tratan de renovar en nosotros el deseo de consumir. Las empresas buscan que el ejercicio del poder de compra sea irreflexivo. Por ello buscan que haya mucha publicidad pero poca información. El consumidor busca racionalizar su compra e incluir factores reflexivos mientras que las empresas buscan cautivar al consumidor, casi hacerlo un consumidor compulsivo.

¿QUE LUGARES OCUPAMOS LOS CONSUMIDORES EN EL PACTO SOCIAL? UNA PROPUESTA DE PARTICIPACION.

Los consumidores y usuarios, dejando de lado esta actuación pendular, bamboleándonos desde el extremo de la compra totalmente irreflexiva al boicot; deberíamos explorar alternativas intermedias sostenibles en el tiempo. Para ello deberíamos identificar qué sectores podrían actuar como nuestros aliados.
El monopolio y la concentración de los mercados son enemigos directos de los consumidores y usuarios. Las victimas de ellos somos los usuarios y consumidores, pero también los pequeños productores, quienes podrían ser nuestros primeros aliados.
¿Seria muy utópico pensar que -con la indispensable participación del Estado- los consumidores identificáramos productos con cadenas productivas sanas y equilibradas y los prefiriéramos en nuestras compras?
También podríamos identificar como nuestros aliados a los grandes sectores de trabajadores. Pensando en la necesidad de edificar una sociedad donde se privilegie el trabajo –frente a algunos que proclaman la venida de la sociedad sin trabajo- ¿No podríamos acaso beneficiar con nuestras compras a los productos que contuvieran un alto valor agregado perteneciente a mano de obra? Y en este caso ¿podríamos privilegiar a los que contengan mano de obra nacional? O acaso, ¿No deberíamos dejar de comprar las marcas de prendas de vestir que utilizan mano de obra esclava, como reiteradamente han denunciado la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires y diversas ONGs?
Todo esto como actitudes permanentes y no sólo espasmódicas. Estas son cuestiones que deberíamos comenzar a explorar.