viernes, 11 de julio de 2008

LAS LEYES Y LAS PENAS

por Juan Manuel Di Teodoro

En muchas oportunidades los legisladores nacionales, sin mucho meditar, reforman normas penales intentando crear una sensación de seguridad bastante alejada de la realidad, mediante la creación de tipos penales constitucionalmente cuestionados.
El incremento excesivo de las escalas penales (aumentos de penas) por sí solo no hace ningún aporte positivo, salvo en el aspecto demagógico de engañar a los ciudadanos que creen que ello aisladamente puede solucionar el complejo problema de la inseguridad en la Argentina.
Existe un impulso maldito de algunos políticos frente al conflicto social y su relación con el sistema penal. Cuando con el discurso jurídico penal pretenden encubrirse graves fallas sociales, se provoca o capitaliza la indignación, atrapando el fenómeno en una descripción típica (texto de la ley) pretendiendo resolverlo de esa manera. Resulta obvio que el fenómeno continúa y respecto a la operatividad social sólo sucede que le otorga mayor poder a la agencia selectiva, es decir a la policía; en el caso de la nueva legislación penal formulada por el falso ingeniero Blumberg (ya no tan nueva), lo que sucede es que muchas veces esa legislación hace que algunos operadores políticos y sociales descansen en paz mientras los problemas por los que la gente atraviesa persistan.
Esto se relaciona con la descripción de un antiguo pensamiento mágico, “El pintor y el cazador paleolítico pensaba que ya con la pintura poseía a la cosa misma, pensaba que con el retrato del objeto había adquirido poder sobre el objeto; creía que el animal de la realidad sufría la misma muerte que el animal retratado”. Los cazadores tenían la costumbre de dibujar en sus cavernas la cacería que momentos después ellos mismos iban a realizar. En sus pinturas describían minuciosamente cada uno de los pasos a seguir, preparación de las armas, las pieles, la reunión previa, la salida, el encuentro con las presas, el ataque y la vuelta con los animales cazados.
Algunos políticos se asemejan a cazadores paleolíticos. Tienen la falsa convicción de que con escribir en el Código Penal penas aumentadas se soluciona el problema de la seguridad.