viernes, 11 de julio de 2008

LA NUEVA DERECHA EN LA ARGENTINA


El conflicto por las retenciones móviles azota a nuestro país y mantiene sitiada a nuestra Ciudad. Los cortes de rutas se multiplican y las respuestas van y vienen. Al momento de escribir estas líneas, la Presidenta enviaba al Congreso Nacional un proyecto de ley para ratificar la resolución del Ministerio de Economía que dispuso la medida de las retenciones móviles.
Se han dividido aguas y las opiniones a favor y en contra se oyen por todos lados. Quizás una consecuencia no deseada de este conflicto, pero no por ello, desdeñable es que se ha comenzado a hablar de política en lugares que antes era mala palabra.
En alabanza a ese reverdecer de la política en la sociedad, resulta necesario discernir acerca de lo nuevo que nace con esta crisis. Una secuela ineludible de la crisis de representación de los partidos políticos, o de su práctica desaparición.
Para comprender que se está jugando en nuestra Patria por estos días, resulta ilustrativo lo que nos relataba en el diario Página/12 el pasado 30 de mayo el Coordinador del movimiento Carlos Múgica de sacerdotes en opción por los pobres, Eduardo De la Serna: “Los otros días hablaba con una religiosa que trabaja con indígenas y campesinos en el norte argentino y confirmó lo que escuchamos de otras partes: los campesinos están divididos en este tema y los más pequeños campesinos están de acuerdo con el Gobierno. Los campesinos a los que les confiscaron las tierras para el triunfo de la "patria sojera", los que tienen 5 o 10 hectáreas. Los mismos a los que la antiguamente combativa Federación Agraria dejó de lado. "Quiero ser enemigo de Cristina, pero sus enemigos no me dejan", me decía un conocido con el que tengo muy buena relación y aprecio. Es verdad que hay decenas de cosas que no me gustan y quisiera debatir, sin que esto signifique negar su legitimidad; como no puedo negar la legitimidad de democráticos gobiernos pasados que he detestado. Pero cuando veo a muchos de los enemigos del Gobierno, no puedo menos que solidarizarme con él. Cuando escucho a Macri o Carrió, cuando leo algún diario o veo sus primeras planas, cuando veo a algunos políticos en Rosario, no puedo menos que sentirme en la vereda de enfrente.” A nosotros nos pasa lo mismo.
Pese a que se nos habla reiteradamente de que ya no existe izquierda ni derecha, un importante grupo de intelectuales y referentes sociales emitió un extenso documento en el que nos habla del nacimiento de la NUEVA DERECHA. Por cuestiones de espacio no vamos a reproducir aquí todo el contenido de la misma, pero sí tomaremos algunos puntos salientes de la misma. Presentamos algunos de los conceptos vertidos por un grupo de intelectuales argentinos expuestos en CARTA ABIERTA/3 cuyo texto completo puede ser leído en http://cartaabiertaa.blogspot.com/2008/06/carta-abierta3.html.*
¿Qué es la Nueva Derecha Argentina? Es la que impugna la política como gasto superfluo expresando su desprecio hacia la política como capacidad transformadora, como intervención activa sobre la vida en común. Es la que pretende disolver la instancia misma de la política. Es fundamentalmente destituyente: vacía a los acontecimientos de sentido, a los hechos de su historicidad, a la vida de sus memorias. Por eso se preguntan ¿Cómo se puede reclamar la nacionalización del petróleo cuando la lucha que se despliega es contra una medida progresiva de índole impositiva? ¿Cómo se puede llamar a la lucha contra la pobreza con aliados que expresan las capas más tradicionales de las clases dominantes?
La nueva derecha puede levantar las banderas del progresismo recreadas a último momento como préstamo de urgencia o anunciar compromisos caros a las luchas sociales de la historia nacional, sea Grito de Alcorta, sea la gesta de Paso de los Libres en 1933, sean las asambleas del 2001.
Es una nueva derecha porque a diferencia de las antiguas derechas, no es literal con su propio legado; sino que puede recubrirse, mimética, con las consignas de la movilización social.
Nos dicen que se trata de una derecha que reclama eficiencia y no ideología, que alega más gestión que valores –y puede coquetear con todo valor-, que invoca la defensa de las jerarquías existentes aunque se disfraza de formas y procedimientos asamblearios y voces sacadas de las napas prestigiosas de las militancias de ciclos anteriores. Para ello, condena el vínculo vivo de las personas y las sociedades con el pasado, llamando a un ilusorio puro presente que podría desprenderse de esas capas anteriores.
Así, agregamos nosotros, observamos a pretendidos representantes populares confundirse en un abrazo con los representantes de la Sociedad Rural y ver marchar juntos a la familia Martínez de Hoz con la Federación Agraria Argentina.
En la nueva derecha reina lo abstracto pero con la lengua presunta de lo concreto.
A la trama moral de las acciones la tornan escándalo moral, denuncismo de sabuesos que dejan saber que las sospechas generalizadas sobre la vida política son instrumentos que pueden sustituir un pensar real.
La nueva derecha es ahora un conjunto de procedimientos y de prácticas que se difunden peligrosamente en las más diversas alternativas políticas.
La frase predilecta de la nueva derecha, “no me metan la mano en el bolsillo”, hace de los actos legítimos de regulación de las rentas extraordinarias de la tierra, una ignominiosa expropiación. Trata un bien nacional, como la productividad del suelo, como cosa meramente privada.
En un sorprendente movimiento de apropiación de los valores y las prácticas de lucha de los sectores populares para travestirlos en su beneficio. Han movilizado la memoria de los oprimidos en función de sostener el privilegio de unos pocos. Han vaciado todo sentido genuino, buscando inutilizar una tradición indispensable a la hora de reestablecer el vínculo entre las generaciones pasadas y los nuevos ideales emancipatorios.
Es una operación a partir de la cual se definen las lógicas emergentes de esa nueva derecha que no duda en reclamar para sí lo mejor de la tradición republicana y democrática; es una nueva derecha que no se nombra a sí misma como tal, que elude con astucia las definiciones al mismo tiempo que ritualiza en un mea culpa de pacotilla sus responsabilidades pasadas y presentes con lo peor de la política nacional, bendecida por frases evangélicas que llaman oscuramente a la vindicta de los poderosos que aprendieron a hablar con préstamos del lenguaje de los perseguidos.
Si la nueva derecha reina en una sociedad mediatizada, una política que la confronte debe surgir de la distancia crítica con los procedimientos mediáticos. Si la nueva derecha no temió enarbolar la amenaza del hambre (como consecuencia de su desabastecedor plan de lucha), otra política debe situar al hambre, realidad dramática en la Argentina, como problema de máxima envergadura y desafío a resolver
Detrás de todo es camuflaje los pendones que la conmueven pueden ser frases como éstas: la “nueva nación agraria como reserva moral de la nación”. Es el viejo tema de las nuevas derechas y la identificación, también antigua, de patria y propiedad, de nación y posesión de la tierra. Es el concepto de reserva moral como liturgia última que sanciona tanto el “fin del conflicto”, como un tinglado modernizante que no vacila en expropiar los temas del progresismo, pero para desmantelar lugares y memorias.
Finalizan afirmando que una república agroconservadora despliega entonces sus banderas de “nuevo movimiento social”. Tienen todo el derecho a expresarse pero el examen democrático del gigantesco operativo que han emprendido debe ser también interpretado. Se trata de sustituir un pueblo que consideran inadecuado con otro vestido con galas de revolución conservadora. Hay suficientes ejemplos en la historia del país y en las memorias constructoras de justicia para decir que no lo lograrán.
Sin embargo, tenemos que decir que de esta crisis, no menos grave porque se la niegue, sólo se sale con más democracia, con más calidad institucional y con más distribución de la riqueza. Para ello se impone una reforma impositiva integral, que reduzca el IVA, que grave a todos los sectores que en estos años han tenido beneficios extraordinarios, como la especulación financiera, la minería y la pesca. En esa dirección debe profundizarse el cambio.

* Entre otros, firman el documento Horacio Gónzalez, Noé Jitrik, Ernesto Laclau, Fortunato Mallimacci, Adriana Puiggros, Jaime Sorín y Mario Toer.